¿Son las relaciones la base de la ciudad y su identidad?

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Fotografía de Sunguk Kim en Unsplash

«La Hierba es mortal.
Sócrates es mortal.
Sócrates es hierba»

Gregory Bateson

Escrito por Pedro Enríquez de Salamanca.

El juego loco que propone el filósofo Gregory Bateson no es sino una manera inadecuada de entender que la lógica no tiene por qué apoyarse en los sujetos sino en los predicados. Es una lógica de las relaciones. Son ellas lo que hay importante en la vida: no los sujetos si no las acciones.

O dicho de otra manera la vida es un predicado, es una relación. No es algo que esté en los sujetos, es algo que pasa a través de los sujetos. Es esta una visión lateral que podemos explorar y que permite cambiar el chip ante lo convencional. No pensar desde la perspectiva de un sujeto, si no convertirnos en predicado para profundizar más en el concepto de relación, con foco en la ciudad.

Otro ejemplo se explica cuando cambiamos la visión del sujeto por la de predicado en un hecho que se repite socialmente en todas nuestras vidas: dejar de ser menores en la ciudad y alcanzar la madurez del ciudadano. La mentalidad obvia es la de pensar que la menor se vuelve adulta. De ser un sujeto, pasa a ser otro. Sin embargo si atendemos a la vida en modo predicado en realidad asistiríamos al devenir adulto de una niña. La vida es un proceso, y hay que vivirla como predicados… son las relaciones las que la convierten en ciudadana adulta, capaz de decidir.

El marco para la acción es la ciudad

Esta propuesta de visión si se sigue ampliando en términos urbanos nos lleva a considerar la ciudad como el marco, un contexto, el espacio o la base sobre la que se activan predicados, donde coexisten sujetos. Donde se permite “predicar”.

Así la ciudad la podríamos definir como el lugar que ofrece la tranquilidad y el refugio necesarios para que puedan sobrevivir los sujetos. La seguridad, los servicios de salud o transportes, el abastecimiento de energía o comida o que salga agua por el grifo son elementos propios de un marco que permita la subsistencia de sujetos y su capacidad para establecer relaciones.

Los sujetos son aquellos que se pueden accionar.
Los sujetos en la ciudad son todos aquello elementos que puedan ser objeto o accionadores de transacciones, intercambios o interacciones. Que se pueden mover.

Cuando hablamos de sujetos en el entorno urbano, es el ciudadano, el individuo, la persona la que se adueña a través de su identidad también como consumidor, espectador, avatar o por supuesto ciudadano del concepto “sujeto”. Pero también debemos considerar sujetos los productos de consumo, la fruta, el pan, la leche, un walkman… Con especial relevancia en la ciudad de sujetos como los coches. La máxima expresión de movilidad es el automóvil que a lo largo de estos últimos cien años ha transformado y definido el espacio urbano.

Pero en la ciudad de hoy, donde la tecnología inteligente ya ayuda a gestionar servicios y tareas de toda gran ciudad mirando al futuro más cercano (Smart Cities), se ha sensorizado desde el sistema de tráfico, al agua, la iluminación pública o la seguridad en el metro, y todo para captar un sujeto con cada vez más relevancia: los datos, la información, los momentos. Sobre todo ahora que también los ciudadanos son sensores de primer nivel y en tiempo real con su smartphone en el bolsillo.

Mensaje prevención COVID en Silicon Valley

Mensaje prevención COVID en Silicon Valley

Por último, pero no menos importante, es la realidad de un sujeto que sin duda es el verdadero motor de mercados y relaciones en las ciudades. Un sujeto que por su condición de “común” es todavía más relevante: las ideas. Las ideas son sujetos con necesidad de predicar. Son la inspiración para la relación. El empujón para la transacción. Y además no desaparece cuando se intercambia. Si tengo una idea y la comparto, no dejo de tener la idea, no la olvido… ahora la compartimos los dos. Porque compartir es pasar a modo predicado.

Los predicados son sujetos en acción

Individuos, objetos, ideas y datos que se mueven. Que son un intercambio. Una transacción y construyen una relación. Predicados que además de ejercer su poder a diferentes niveles de intensidad, desde las relaciones infraleves a las duraderas como apuntaba Foucault, también se convierten en capital capaz de construir identidad. Para la ciudad, los ciudadanos y viceversa.

Siguiendo libremente el pensamiento del sociólogo Pierre Bourdieu podemos identificar predicados asumiéndolos como lo hacemos con el capital económico. Porque comprar, vender… son predicados-marco para multitud de sujetos. Pero hay otros capitales para el pensador francés que pueden ayudarnos a entender la importancia de la acción o la relación para sujetos como las ideas o los datos.

El capital social se hace evidente pronto cuando comprobamos el poder de las relaciones sociales en una ciudad, en una profesión e incluso en una vida. Lo mismo que objetos que proporcionan la relevancia social necesaria: un coche de lujo, unas vacaciones de ensueño, un trabajo vocacional, una agenda de contactos o una vida saludable y expuesta a través de las redes sociales. El capital social se convierte en un elemento que permite medir el poder de impacto de las relaciones más allá de lo puramente material.

El capital cultural es otro “indicador” no material que permite entender las oportunidades que ofrece el ejercicio del predicado: la educación, el conocimiento, la curiosidad, ser un sujeto consciente… pueden ser elementos que midan el poder de una relación desde un punto de vista cultural. Incluidas las empresas.

Sin olvidar el capital simbólico, ese que nace de las relaciones y experiencias más íntimas o personales. Ese que te hace elegir quedarte con el reloj heredado de tu querida abuela, y no un Rolex nuevo reluciente… lo que diferencia a un cuadro original de una reproducción a tamaño natural… el halo del original del que hablaba Walter Benjamin. ¿En la ciudad? Una plaza donde se produjo una masiva represión, la catedral donde se casó una princesa o el ayuntamiento como una casa del pueblo. Hablamos de predicados que no se pueden medir ni física, ni biológica, ni materialmente. Predicados que aportan un valor imposible de delimitar si no es a través de emociones y sensibilidades.

En definitiva… todo conforma una identidad

Y así es cómo podemos describir desde una nueva perspectiva cómo funciona una ciudad en muchos de sus términos, y podemos decir sin exagerar que las relaciones hacen de la ciudad lo que es para sus ciudadanos o visitantes. Identificar lo que genera identidad y orgullo de pertenencia (o todo lo contrario) abre la puerta a oportunidades que aprovechar y retos que resolver para la ciudad futura.

En definitiva se propone mirar a la ciudad desde una nueva lógica del predicado. Hablar de relaciones. De que la ciudad nace de ellas. De que son su sello de identidad.