Miedo a la nada

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Si no hay tiempo para las relaciones… ¿Cómo nos construimos? Nuestra identidad, la autoestima, lo que somos proviene de fuentes externas, de nuestras relaciones, de la interacción y conexión con los otros, de la conversación…

Escrito por Natalia Cisterna.

Hasta el año 1800 no había rastro alguno en la lengua sobre las connotaciones negativas de la soledad, desde entonces hasta hoy, esta se ha convertido en un mal endémico de nuestra sociedad. “La soledad es la pandemia del s. XXI”, todo el mundo ha escuchado o leído esta frase en algún lado. La soledad es un problema de salud pública importante, tanto, como para que un país como Gran Bretaña incluya dentro de su gobierno un ministerio dedicado exclusivamente a paliar este mal tan extendido, sobretodo en las ciudades.

En España hay 4,5 millones de personas que se sienten solas, de estas, 1,5 millones son pensionistas. El 23% de personas con discapacidad se sienten solas, las mujeres solteras y desempleadas son las que más solas se sienten. Estos son algunos datos extraídos del último informe sobre la soledad en nuestro país llevado a cabo por la Fundación Once y la Fundación Axa. Según este informe los factores que más inciden en la soledad son el estado civil, los ingresos mensuales y el tamaño del municipio en el que se reside.

Según una nota de prensa publicada por el Ayuntamiento de Madrid el 16 de julio de 2020: “La Junta de Gobierno del Ayuntamiento ha autorizado hoy el contrato de servicios para poner en marcha el proyecto de prevención de la soledad no deseada en la ciudad, con un gasto plurianual de más de 1,1 millones de euros (1.165.933). Este programa tendrá una duración de dos años, prorrogable, y se dirigirá al conjunto de la población –en los 21 distritos– para detectar, paliar y prevenir los sentimientos de soledad no deseada, un sentimiento creciente en las sociedades desarrolladas que genera malestar psicológico y posibles trastornos y enfermedades.”

Y más abajo continúa:

Así, se encontró que el sentimiento de soledad no deseada se asocia, principalmente, a las circunstancias de vivir solo, sentir que no hay personas que se ocupan de su bienestar, presentar riesgo de mala salud mental, tener baja autoestima y ser una persona joven. Y es que, esa encuesta plasmó que es entre las personas de entre 15 y 44 años en las que se ha encontrado una mayor prevalencia de este sentimiento, especialmente entre los de 15 a 29 años.

Rescato del primer párrafo una frase que me ha llamado la atención:

“…un sentimiento creciente en las sociedades desarrolladas”.

A mi parecer estas palabras son paradójicas. ¿Es realmente una sociedad desarrollada aquella en la que las personas se sienten tan solas? Si la soledad es una consecuencia tan importante del modelo de desarrollo de nuestra sociedad, ¿No deberíamos reflexionar profundamente sobre este modelo y atajar el problema desde la raíz en lugar de poner parches económicos para paliar los daños sociales que este modelo provoca? La soledad es producto del desarrollo económico, esto está claro y además, tiene un elevado coste para la vida de las personas y cómo estamos viendo, en los próximos años también para las arcas de los gobiernos/ciudadanos. Mi duda es, ¿seguimos avanzando económicamente (algunos) y paralelamente pagamos la deuda a modo de ayudas insuficientes con los que se quedan atrás? ¿Esto es todo? No sé si salen las cuentas, sobretodo con nuestra propia humanidad.

Del segundo párrafo, me quedo con dos. Empiezo con esta:

“… Sentir que no hay personas que se ocupan de su bienestar”

Vivimos dentro de un sistema que siempre ha premiado al individuo y ha apartado a la comunidad, que nos ha impedido sentirnos parte de algo, que nos ha llevado a renunciar a lo que nos hace humanos, los afectos, para poder así estar a la altura de lo que nos demanda, ser productivos.

La vida no nos da para más, “Nos nos da la vida”, como se dice coloquialmente. ¿Es posible optimizar lo que somos y hacemos, cuando ya lo estamos dando todo? ¿Cómo nos hacemos cargo de nuestros mayores, de los dependientes…, cuando no hay opción de dejar de trabajar y cuando además, tu trabajo no te permite cubrir ni siquiera tus necesidades básicas y vivir dignamente? ¿Cómo gestionar la culpa, el vacío, el desasosiego?

“Ya lo advirtió la Agencia Española del Medicamento, que en el 2013 señaló que el uso de antidepresivos había aumentado exponencialmente, nada menos que el 200% desde el año 2000, al pasar de 26,5 dosis por cada mil habitantes y día a 79,5. Y recientemente el Círculo de Sanidad, integrado por empresas del sector sanitario, en la última edición del informe ‘La Sanidad en Cifras’ avisa de que la tendencia al alza sigue, a un ritmo eso sí mucho menor, ya que la venta de antidepresivos creció un 14,73% entre el 2012 y el 2016. Asimismo, la administración de sustancias comúnmente conocidas como tranquilizantes, aumentaron un 9,37%”.

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190526/consumo depresivos-tranquilizantes-somniferos-preocupacion-7464385

Un aumento del 200% en 13 años… Y luego sigue subiendo, más despacio sí, pero subiendo. Y entiendo que durante este 2020, las cifras serán peores. Así conseguimos sobrevivir a la imposibilidad de poder recibir y dar afecto y cuidados.

Y volviendo a la nota de prensa:

“…tener baja autoestima”

Si no hay tiempo para las relaciones… ¿Cómo nos construimos? Nuestra identidad, la autoestima.., lo que somos proviene de fuentes externas, de nuestras relaciones, de la interacción y conexión con los otros, de la conversación… Pero nuestras conversaciones generalmente son superficiales, eficientes para el sistema, ineficaces para el ser humano. Somos seres observados y a la vez, observadores y entre tanta vigilancia, inhabilitados para ser lo que realmente somos. “No llegar a ser, para no ser destruidos” (Esquizofrenia Natural Podcast).

Nos hemos convertido en seres desconectados, alienados, enajenados. Marx definiría la enajenación como “el fenómeno de la sociedad industrial, el extrañamiento del individuo respecto de su trabajo y su producto, de quienes lo rodean y de sí mismo.” (Rico Moreno, Javier. Hacia una historia de la soledad. pp.35-63.)

“…y ser una persona joven”

Octavio Paz definía la soledad como la fractura de la comunicación con el otro. Esto es paradójico en una sociedad que presume de estar híper-conectada. La tecnologización de la vida social no está ayudando a aquellos que más “conectados” están, los jóvenes. Pasan horas solos en casa, frente a sus pantallas, buscando arraigo, un lugar al que pertenecer.

“Más del 70 % de los institutos están haciendo jornada continua. Los chavales de 1º de la ESO, que normalmente tienen 11 años a principio de curso, a las 3 de la tarde ya los mandan para casa. Y las encuentran vacías. Tienen las llaves de casa por eso.” Elisenda Guedea, FAPAC

Los niños de la llave es un concepto concebido en la era moderna, bajo un sistema de trabajo que demanda casi la mayor parte del tiempo disponible por los padres para poder ejercer su función cuidadora. Si por un lado se eliminan los cuidados y los afectos y por otro, se accede a una comunicación superficial, y si además a esto se te empuja a Tener que Ser, a desear, al hedonismo y al placer… Recordando a Lipovetski, la frustración es el destino. ¿Dónde hemos colocado el horizonte?

La pandemia del siglo XXI no es la soledad, es el desamparo, el abandono, el olvido de lo que somos en esencia, seres sociales, proveedores y necesitados de afecto. Nadie quiere ser abandonado o sentirse desamparado, no es la soledad, es el miedo a la nada.